Esta invitación a hablar de negocios no es una tarea que me suene difícil, mucho menos cuando se trata de la cotidianidad, de la misma esencia del ejercicio docente que me liga en todo momento a un salón lleno de estudiantes y a una responsabilidad que, más que ello, constituye un reto y un compromiso con ellos, con la sociedad y con la Universidad, casa de todos.
Entonces ¿qué puedo hablar de negocios que no esté reflejado en la cotidianidad de nuestra institución? Son muy pocas cosas, es cierto; nos acostumbramos tanto a ver el mundo como un conjunto de experiencias empresariales, siempre con el sano ánimo de aprovechar al máximo las oportunidades que nos da el mercado, que muchas veces dejamos de lado aspectos tan importantes como el hecho de ser felices con lo que hacemos.
Si somos felices podemos vivir intensamente y con pasión nuestro día a día. Esa es una condición que nos aproxima al éxito, sea cual fuere la actividad a la que nos dediquemos, lejos de la resignación o el conformismo… pero, ¿sí es tenido en cuenta este aspecto en las iniciativas empresariales que tienen los emprendedores?
Por años nos hemos dedicado a formar a nuestros estudiantes para que desarrollen su idea de negocio y la conviertan en un plan en el cual pongan en práctica conceptos como producción, mercadeo, estrategia, sin dejar de lado la viabilidad financiera del proyecto.
Nos preocupamos, tal vez exageradamente, por acompañar a nuestros emprendedores en el diseño de su negocio, buscando que pueda convertirse en su proyecto de vida. Con el tiempo, hemos venido avanzando, le hemos incorporado elementos adicionales como la sostenibilidad, persiguiendo no solo resultados financieros, sino que el estudiante o emprendedor dimensione los impactos que sobre la sociedad y el medio ambiente puede tener su proyecto. Sin lugar a dudas es mucho mejor, es más integral y genera un mayor aporte a la sociedad.
No tengo la respuesta a la pregunta formulada anteriormente. Puedo estar en una posición crítica que puede ser considerada como extrema, pero no por ello deja de ser una preocupación. No se trata de que sea o no exitoso, de que la empresa provea calidad de vida o no; quiero ir más allá, quiero que, en conjunto, nos preguntemos si en nuestra mira está la contribución en el desarrollo de generaciones de empresarios felices.
No lo sé, tal vez sí, tal vez no. Solo es una pregunta que tanto nosotros en nuestra función docente, como los estudiantes en su proceso de formación, debemos formularnos y responder. El ideal sería encontrar en el emprendedor la combinación de todos los adjetivos relacionados: exitoso, sostenible, persistente, etc., y, ojalá, por encima de todo: FELIZ.
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