Betty y la Casa de Papel: la otra cara

Omar Alonso Patiño
Director del Departamento de Gestión y Organizaciones – Universidad Ean
Actualidad

Escribo estas palabras so pena de caer en el escarnio público, pues hacen referencia a uno de los personajes más queridos de nuestro país durante los últimos 20 años: ‘la fea más querida de Colombia’. 

Así como la primera vez que salió al aire, por estos días la telenovela ‘Yo soy Betty, la fea’ está dando de qué hablar. Aunque la producción es para muchos el reflejo de la situación de cientos de colombianos que escalan profesionalmente gracias a sus capacidades, su esfuerzo y las oportunidades, hay mucho más de fondo que no resulta tan bueno como parece.

Betty, la protagonista de la reconocida producción colombiana, es ídolo e ícono nacional. Sin embargo, también es el personaje que evoca el fraude y la trampa empresarial bajo la ejecución de acciones que se muestran inocentes y normales. El maquillaje de balances o la creación de empresas paralelas para evadir el pago a proveedores y al Estado son delitos, por donde se quieran ver, minimizados por el sentimiento que nos embarga cuando vemos el sufrimiento de la persona. 

No importan las razones, importa el hecho. En este caso, el hecho es delito.  Si Betty estaba o no enamorada, no es excusa, ¡claro que no! ‘La fea más querida de Colombia’ y Armando Mendoza son la muestra de cómo se puede delinquir al interior de una empresa, así de simple. 

 

 

“‘La fea más querida de Colombia’ y Armando Mendoza son la muestra de cómo se puede delinquir al interior de una empresa, así de simple”.

 

 

Tampoco es válido decir que se trata no más de una trama de hace 20 años, pues, a pesar de los cambios que ha habido en nuestra sociedad, ‘Betty, la fea’ sigue despertando solidaridad en gran parte de nuestra incauta sociedad.

Otro de los casos que vale la pena analizar es el de La Casa de Papel, una de las series más exitosas de Netflix. Allí, también suceden hechos completamente censurables que deberían generar repudio. Sin embargo, hay millones de espectadores y amantes de esta producción (que ya completa su tercera temporada) que sienten solidaridad por los protagonistas que delinquen. 

En la serie española, un grupo de ladrones es liderado por un hombre absolutamente brillante, sagaz, inteligente y estratégico. El personaje, apodado ‘el profesor’, irrumpe en el Banco de España, uno de los edificios más custodiados de Madrid, con el fin de robarse el oro depositado allí y lograr la liberación de uno de los miembros de la banda, quien ha sido capturado y torturado antes de la toma.

Otra vez: ¡los motivos no justifican las acciones delincuenciales! Podríamos decir que solo se trata de televisión, pero va mucho más allá, es la trasgresión de valores y la victimización del victimario. Es muy irónico que ante la pantalla deseemos que no le pase nada al delincuente. 

Entonces, ¿es consecuente que ante la pantalla deseemos que nada malo ocurra con el delincuente? Yo no lo creo. Lo dejo para la reflexión.
 

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