¿Y si la calidad del aire no depende solo de Bogotá?

José Alejandro Martínez
Director del Depto. de Sostenibilidad – Universidad Ean
Sostenibilidad

En el ambiente, todo está conectado: el Nilo y su temporada de estío, por ejemplo, permite que las laderas se fertilicen con sus sedimentos y, de esta forma, las tierras se vuelven productivas. Así mismo, cuando el viento sopla fuertemente durante varias horas en el desierto africano, se generan tormentas que pueden llegar hasta las costas del Océano Atlántico y afectar incluso la calidad del aire de países del Caribe (como Colombia). De esta forma, casi que ninguna actividad humana o natural es aislada en este sistema abierto y complejo que es nuestro planeta.

Ahora bien, más del 50% de la población mundial en la actualidad vive en las ciudades, y para el 2050 el porcentaje subirá a cerca del 70%; es decir, cerca de 7.000 millones de personas requerirán agua potable, energía eléctrica, alimentos y, obviamente, aire limpio.

 

 

“En 2050, cerca de 7.000 millones de personas vivirán en las ciudades, demandando agua potable, energía eléctrica, alimentos y aire limpio”.

 

 

Por lo anterior, es claro que las acciones de restauración de capital natural que se realicen en cualquier parte del mundo tienen efectos positivos para una región local, pero así mismo para el planeta. 

Todos nos preocupamos por ver cómo avanza la deforestación en el Amazonas colombiano, que en 2018 alcanzó más de 150.000 hectáreas de bosques centenarios, que serán reemplazados con cultivos lícitos e ilícitos o con otras actividades productivas. Lo sorprendente es que estas pérdidas que ocurren en este ecosistema estratégico son tan graves para la tierra, como lo que ocurre con los corredores biológicos naturales que amortiguan las condiciones ambientales de los centros urbanos del país.

 

 

“La deforestación del Amazonas es tan grave como la que ocurre en los corredores biológicos naturales que amortiguan las condiciones ambientales de los centros urbanos del país”.

 

 


Si la población mundial y, por ende, la sociedad colombiana, requiere cada vez más mejores condiciones de aire, se deben llevar a cabo procesos de consolidación de ecosistemas urbanos y periurbanos que ayuden a compensar todo lo que los fenómenos internos (emisiones atmosféricas, material particulado) y externos (quemas en zonas rurales alejadas) generan a los recursos naturales.

Debemos actuar desde lo local, pero pensando en lo global. El trabajo para mejorar la calidad del aire, y con ello la calidad de vida en las ciudades, parte de revisar cómo vivimos y nuestros patrones (cómo nos movemos en las ciudades, qué consumimos, cómo consumimos), pero pasa por el equilibrio que buscamos con nuestro entorno cercano, regional y mundial: es tan vital para nosotros evitar la deforestación del Amazonas, como consolidar sistemas naturales que amortigüen nuestros impactos ambientales negativos y permitan a la naturaleza restablecerse.

Es tan importante ganar calidad de vida con un parque en la ciudad, como sembrar en un separador un árbol o consolidar corredores en donde la biodiversidad vuelva a florecer. Cada decisión cuenta. Por eso, solucionar un problema como la pésima calidad de al aire en Bogotá o Medellín no solo es un asunto de los gobiernos. ¡Como en todo sistema, todos ponemos! 

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