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Res. nº. 29499 del Mineducación. 29/12/17 vigencia 28/12/21

Julio César Pantoja estudiante de Administración de Empresas de la Universidad EAN lidera Chontacones

El chontaduro se puso de moda

Colombia se caracteriza no solo por sus historias, sino por ser un territorio fértil con una amplia variedad de productos que exclusivamente se dan en estas tierras. Este es el caso del chontaduro, una fruta nativa del trópico americano, conocida por sus múltiples propiedades nutricionales.

Las cualidades de este fruto enamoraron en el 2012 a Julio César Pantoja, un director de cine colombiano que hoy es estudiante de Administración de Empresas de la Universidad EAN y quien lidera Chontacones, un emprendimiento que tiene impresa la palabra creatividad en cada una de sus letras.

Pero la idea original no nació con Julio César, viene de mucho antes. Todo comenzó en 2008, cuando Sergio Lozano, un ingeniero agroindustrial de la Universidad del Cauca, presentó su tesis de grado sobre el chontaduro y sus productos derivados, entre ellos un chip hecho con esta fruta. El concepto y sabor de este exótico fruto contagiaron a Andrés Rivera, otro ingeniero agroindustrial que aprovechó su pasantía en el Centro de Agricultura Tropical (CIAT) para potencializar el producto.

De aquel estudio de las propiedades del chontaduro salió un primer prototipo en forma de chip. Corría el año 2009 cuando los dos emprendedores empezaron a vender el producto en un café entre sus amigos. Es ahí cuando aparece Alejandro Acosta, un comunicador social que ayudó a formalizar una sociedad entre los tres.

“El negocio operaba en la casa de uno de ellos y todo se hacía en ollas de una manera muy casera. Incluso, el producto se entregaba en empaques transparentes con una pegatina que usaba un logo que ya cambió”, cuenta Pantoja. Para ese entonces nace, además, el nombre de Chontacones, el cual fusiona las palabras ‘chontaduro’ y ‘patacones’, para darle una mayor identidad a estos chips que comenzaban a conquistar a los habitantes del Cauca.

 

Un negocio de película

A pesar de que Chontacones era un éxito como producto, la estrategia de la empresa no iba del todo bien. “En el 2012 los tres socios contraen una deuda que no pueden solventar para cambiar el empaque. Yo llego en esa época para fortalecer la estructura organizacional de Chontacones, reajustando los temas operativos”, recuerda Pantoja.

Para ese entonces, el ahora EANista era un director de cine que estaba realizando un documental sobre un alpinista en el monte Kilimanjaro. Sin embargo, para continuar con el rodaje de su película necesitaba recursos económicos. “Estaba buscando una fuente de dinero que me permitiera apalancar mi proyecto”, dice. Lo de Pantoja era la cinematografía y nunca llegó a pensar que su camino cambiaría de rumbo.

El chontaduro era para este futuro administrador de empresas un fruto que siempre le había gustado. “Alguien me había comentado sobre Chontacones y supe que los tres socios querían vender la empresa. Así que los busqué por Facebook y me puse en contacto con ellos”, relata Pantoja.

Después de varias negociaciones, la empresa finalmente no se vendió, sino que se hizo una inyección de capital para formalizar el producto ante el mercado. “Terminamos trabajando los ahora cuatro socios, pero había que segmentar las responsabilidades para que todo funcionara. Tocaba cambiar el organigrama de la empresa y su estructura operativa”, explica Pantoja. En esa repartición de responsabilidades, al EANista le tocaron los números.

No fue fácil seguir con el negocio a pesar de esa inversión de capital que tuvo la empresa. Sin embargo, había flujo de dinero y eso le permitió a Chontacones expandirse sin importar las deudas. Los chips empaquetados comenzaron a expandirse y deleitaron a los paladares no solo de Popayán, su lugar de origen, sino también de Cali, Armenia y Pereira.

 

Una apuesta de vida

Pero esa expansión no se reflejaba al interior de la empresa. Pantoja cuenta que para el 2014 era difícil reunir utilidades para pagar los salarios de los empleados; las condiciones eran adversas. “En una reunión de fin de año con todos los pelados, entendí que lo que para mí era una empresa, para los demás era una apuesta de vida. Entonces, entré más al juego: asumí irme a Popayán para hacer todo lo que se pudiera, porque me sentí responsable de poder mejorar la situación que había. El Cauca tenía muchos problemas sociales”, cuenta.

El líder de la iniciativa iba a vender a las calles y estaba en ferias comerciales. Además, intentó aminorar los costos de todas las formas posibles. Por último, se ganó el respeto de los empleados renunciando a su sueldo y asumiendo más responsabilidades. Al tener costos bajos de producción, crecieron las utilidades.

“Todos tenían historias de vida difíciles y decidimos meternos a estudiar. Entre las diferentes opciones, me llamó la atención la Universidad EAN y su formación virtual. Por eso me metí a Administración de Empresas”, describe Pantoja, quien ha desarrollado habilidades gerenciales y conocimientos técnicos mediante cursos, asesorías y seminarios. El emprendedor cuenta que para terminar la carrera le falta más de un año y que la Institución le ha ayudado a Chontacones con un fondo. “La matemática de un negocio se complementa con la creatividad del cine y da para mucho”, anota.

El líder de la iniciativa se siente satisfecho de haber empezado a estudiar y cuenta que la EAN es una institución que fomenta el emprendimiento sostenible. “La Universidad es muy chévere y se ancla con todos los impactos sociales que queremos generar con Chontacones”, agrega.

Lo cierto es que, en el suroccidente colombiano, donde se producen los chips de chontaduro, muchos prefieren dedicarse al cultivo de la coca, pues, además de estar por todos lados, esa actividad resulta ser rentable. Por eso, desde el 2014, Chontacones ha intentado llevar a cabo procesos de integración de poblaciones del Tambo (Cauca), en torno al chontaduro.

“Hay que generar un cambio socioeconómico a gran escala por medio del chontaduro, por eso nos vemos como un motor de desarrollo para esta parte de la región”, dice. La idea es crear un modelo que se pueda replicar en otras regiones para que sea un transformador social desde la economía.

Por esa razón, hace un año, la Universidad EAN le otorgó a este emprendimiento el premio ‘Fondo de Apalancamiento’, con el que actualmente se está haciendo una investigación que tiene como objetivo mejorar los procesos de producción para que este producto obtenga mayores propiedades nutricionales.

Para este 2018, el emprendedor espera acceder al mercado internacional y está creando un consorcio con otras empresas del suroccidente colombiano para generar exportaciones en conjunto. No es para menos, pues este producto lo probó hasta el mismo príncipe Carlos de Gales cuando visitó Colombia, lo cual demuestra que después de todo no existen ideas pequeñas; lo importante es crear productos diferenciadores.

 

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