Organizaciones: ¡a mantener viva la llama del amor!

Sadoth Giraldo
Sadoth Giraldo
Docente de la Facultad de Administración, Finanzas y Ciencias Económicas - Universidad Ean
Actualidad

La competitividad en las organizaciones hace que cada vez se intensifiquen más las estrategias para conseguir clientes, mantenerlos, retenerlos y, además, no perder la cuota en el mercado que les genere utilidades suficientes para sobrevivir. 

A la orden del día siempre están las ofertas, las promociones y los descuentos, como si el precio fuera la primera y única opción. También lo están las activaciones en puntos de venta, los correos con mensajes atractivos, los negocios, los referidos, las ferias y los eventos… todo lo que permita estar más cerca de los potenciales clientes.

Sin embargo, en el desespero por llegar las metas comerciales fijadas, las organizaciones olvidan el propósito de enamorar y construir relaciones de largo plazo.  

Para lograr eso no hay una receta única, pero, dentro de todas las opciones que existen, las organizaciones deberían volver la mirada a las personas, a todas: las que les compran no solo por necesidad, sino porque se ‘conectan’ con los beneficios y emociones de la marca (valor); las que no compran porque son de esas que les exigen a las marcas esforzarse para vincularlos; las que dirigen otras organizaciones; y, sobre todo, aquellas que trabajan en las empresas. Todos ellos son quienes permiten que surja la competitividad.

 

 

Las organizaciones olvidan el propósito de construir relaciones de largo plazo; deberían volver la mirada a las personas”.

 

 

Doy por sentado que el producto, la oferta comercial y los procesos están en sintonía con lo que espera el mercado. Detrás de las marcas, de los mostradores, de los teléfonos y de los escritorios están las personas, que son quienes construyen las relaciones. Por eso, propongo pensar en ellas.

Cuando alguien que quiere comprar se queja del servicio, hace evidente que se está incumpliendo la promesa de la marca. Cuando un trabajador maltrata a una persona que quiere vincularse a la organización, está olvidando su compromiso con el contrato que firmó. 

Las personas pierden muy fácil el compromiso que adquirieron cuando llegan a una empresa, quizá porque la motivación inicial se quedó en la emoción de ingresar a trabajar y hacen falta nuevos retos para crecer en sus habilidades.

Las empresas deben enamorar a sus empleados, pero estos deben dejarse enamorar, pues lo que hagan o dejen de hacer impactará en todos aquellos con los que se van a relacionar. ¡Ahí está la diferencia!

Teniendo en cuenta lo anterior, es necesario reconsiderar el valor de las personas en cualquier empresa; sin ellas no existirían las organizaciones y, entonces, no se generarían oportunidades de crecimiento y liderazgo
 

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