Llegó el momento de “actuar como niñas”

Daniela Ricaurte Londoño

Trafficker, Gestión de Comunicaciones y Publicidad - Universidad Ean

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“Los hombres no lloran”, “pareces una nena”, “no tienes las bolas”, son solo algunos de los paradigmas con los cuales la sociedad nos ha moldeado. Desde muy pequeños se nos ha enseñado que la figura del hombre debe ser fuerte, llevar la delantera y nunca mostrarse frágil; en cambio, la mujer es recatada, dócil y maternal, lo cual, ojo, no está mal, el problema de todo esto radica en que a pesar de los numerosos avances en temas legales y sociales que ha tenido la lucha  por los derechos femeninos desde hace siglos, hoy día sigue existiendo un sesgo sobre el rol de la mujer en la sociedad, donde por numerosas razones se les considera “incapaces” para asumir cargos de poder y se chocan ante el conocido techo de cristal. 

Antes de continuar es importante dar a un poco de contexto: el concepto techo de cristal proviene del anglicismo glass ceiling barriers, que se originó en un discurso de la escritora americana Marilyn Loden en 1978, y se entiende como el bajo nivel de representación de las mujeres en los puestos de responsabilidad de la sociedad.

"'Actuar como niña' es un sinónimo de fortaleza, pues a final de cuentas eso somos: una mezcla de empoderamiento, lucha y orgullo".

Para ejemplificar un poco el asunto del techo de cristal, en 2017, pese a haber varias candidatas, ninguna mujer recibió uno de los premios Nobel de ciencias. Esto no fue un evento aislado: desde su comienzo en 1901, la Academia solo ha premiado a 49 mujeres, frente a 833 hombres, en todas sus categorías. Salvo la gran excepción de Marie Curie, que obtuvo dos, solo 17 mujeres han recibido un Nobel de ciencias, el 3 % del total de galardonados. Otro ejemplo bastante popular y controversial son los premios Oscar, donde por primera vez desde sus inicios en 1929 dos mujeres fueron nominadas en la categoría de Mejor Director, Emerald Fennell y Chloé Zhao, esta última se llevó la estatuilla, suceso que ocurre por segunda vez en la historia, desde que Kathryn Bigelow consiguió el premio por primera vez en 2010 por la película The Hurt Locker. Antes de la victoria de Zhao solo siete mujeres habían logrado entrar en esta categoría.

Pero, ¿por qué sucede esto?, ¿dónde está escrito que una mujer no puede ser madre, tener una vida social activa y al mismo tiempo ser la CEO de una multinacional? Tras numerosos estudios se ha llegado a varias conclusiones de las causas de este techo, entre ellas la idea subyacente de que las mujeres se comprometen menos con la empresa debido a las cargas familiares, esto dada la posibilidad de un embarazo o el hecho de que tengan hijos, lo que suele conducir a que no consigan promocionar. Además, está la idea errónea de que las mujeres son más sentimentales y por eso les cuesta tomar decisiones de autoridad. 

Es fácil comprender que en un país como Colombia marcado por el machismo sea complejo romper las barreras del techo de cristal, sin embargo, y como lo mencione previamente, no hay que demeritar los progresos en materia de posicionamiento de mujeres en altos cargos. Hoy por hoy en Colombia tenemos a la primera alcaldesa elegida por voto popular en Bogotá y la primera vicepresidenta mujer en la historia, esto sin lugar a duda es un avance que en su momento se pensó imposible.

Hoy más que nunca es de vital importancia romper estereotipos, las niñas y jóvenes deben crecer entendiendo que tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres, que el género no define si eres o no un mejor profesional. El lado positivo de todo esto es que muchas empresas ya se están dando cuenta de la importancia de tener mujeres en sus equipos y en posiciones de alto rango, por esa razón se están creando cada vez más programas de inclusión y cuotas internas en las empresas donde se debe tener el mismo número de integrantes de diferente género.

De ahora en adelante “actuar como niña” no tiene que ser una ofensa o una denigración, “actuar como niña” es un sinónimo de fortaleza, pues a final de cuentas eso somos: una mezcla de empoderamiento, lucha y orgullo.

Para cerrar me gustaría citar a Florence Thomas, una de las escritoras feministas más dedicadas y abiertas sobre el tema:

“A las mujeres nos falta creer en nosotras mismas. Somos las primeras en criticarnos, somos duras con nosotras mismas. Eso tiene que cambiar. Tenemos que creer en nosotras y confiar en la palabra de la otra. No es fácil, teniendo en cuenta que tenemos cinco mil años encima de cultura patriarcal y machista, pero no es imposible”.
 

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