Fake news: síntomas de desinformación

Jorge Leonardo Rodríguez
Jorge Leonardo Rodríguez

Docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Ean

Actualidad

Escuchar la expresión fake news en el 2021 es algo que no levanta sospechas en nadie. Es la frase que, durante los últimos cuatro años, se ha convertido en un acompañante de las noticias que encontramos en todas las plataformas digitales, pero en realidad ¿qué son las fake news?

Aunque esta frase no es reciente, ya que su uso se remonta a la invención de la prensa escrita, en los últimos años se convirtió en un común denominador de la expresión noticiosa. Podemos rastrear que su popularidad incrementó cuando el ahora expresidente Donald Trump comenzó su carrera por la Casa Blanca en el 2016 y tildó a toda la prensa tradicional y de oposición de su país como emisores de fake news. Desde allí, el uso indiscriminado de esta expresión buscaba volver ilegítimos a aquellos medios que no se encontraban de acuerdo con la voraz manera en que el candidato quería llegar al poder. Esto permitió una deconstrucción de aquellos periódicos, canales de noticias y revistas que habían tenido espacios con una libertad de prensa asegurada desde su creación. 

 

“El 2020 fue un año que vio la cúspide de las famosas fake news; aquellas noticias falsas, o con solo una pizca de realidad, que inundaban todas las plataformas de medios no tradicionales".

 

No fue sino hasta las elecciones de noviembre de ese año, cuando se posesionara Trump como presidente de uno de los países más poderosos del mundo, que las fake news se convirtieron en la principal arma de relaciones públicas del presidente, al referirse a aquellos medios que siguieron contando las historias de su administración desde una perspectiva objetiva.

No obstante, el 2020 fue un año que vio la cúspide de las famosas fake news; aquellas noticias falsas, o con solo una pizca de realidad, que inundaban todas las plataformas de medios no tradicionales. La necesidad de las personas de mantenerse enteradas, en un año donde no había respuestas claras, generó aún más desinformación. Así, en el 2020 se materializa el principal reto para las personas en términos de comunicación: ¿la información que consumimos es veraz y confiable?  

Hacer frente al reto actual de las fake news no es solo responsabilidad de los medios y el sector público. El frenesí por la información también nos mostró que se pueden construir realidades de desinformación en entes privados y personales, atacando su reputación. Uno de los casos más específicos de este tipo de afectaciones fueron todas las noticias falsas alrededor del ex CEO y fundador de Microsoft, Bill Gates, a quien intentaron culpar de una guerra biológica por medio del COVID para obtener el control de la sociedad a través de tecnología que es inexistente. Lo interesante aquí es que, a pesar de que aquella historia suena más inverosímil que una de ficción, las personas lo vieron como una historia fehaciente del porqué nos encontrábamos en medio de una pandemia. 

Muchos culpan a las plataformas digitales como Twitter y Facebook de ser catalizadores de las fake news, pues se han convertido en distribuidores de estos contenidos —aun cuando no lo aprueben—. Sin embargo, han sido estas plataformas las que también han permitido la ampliación del concepto de libertad de expresión y de objetividad en medios. Su capacidad de compartir información inmediata, también ha contribuido a conocer las realidades de los miles de millones de personas que habitamos la Tierra.

En definitiva, las fake news se convirtieron en una realidad de nuestra sociedad, por ello cada vez más las plataformas protegen a sus usuarios por medio de herramientas de inteligencia artificial y mensajes de advertencia cuando la temática es susceptible de ser una noticia falsa. No obstante, la tarea que nos queda como consumidores es más difícil: en nuestra constante búsqueda de información es complicado discernir sobre si lo que estamos leyendo es verdadero o falso. Es también nuestra obligación como lectores y consumidores de contenido el verificar la fuente, la concordancia de las historias y su veracidad. No podemos volver a caer, como lo hicieron en 1938 los radioyentes de la CBS que entraron en pánico al pensar que alienígenas estaban invadiendo New York, siendo solo una novela de ficción transmitida por el director de cine Orson Welles, esta quizás fue la primera fake news en la que nos vimos envueltos. Gracias a los medios de comunicación hoy somos cada vez más conocedores y con la democratización de la información tenemos la posibilidad de discernir ante un contenido y detectar su grado de verdad o mentira. 

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