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Res. nº. 29499 del Mineducación. 29/12/17 vigencia 28/12/21

de estudiar a trabajar una experiencia que cambia la percepción de muchos

Mi tiquete de ingreso a la vida laboral

Por
Michellé Junco, estudiante de Negocios Internacionales y Lenguas Modernas - Universidad EAN

Hasta hace un tiempo veía a mis amigos de la jornada nocturna de la universidad haciendo malabares para cumplir con todas sus responsabilidades académicas y laborales. Los oía hablando de los problemas que habían tenido con sus jefes o lo tarde que habían salido de sus oficinas por la cantidad de trabajo. Pero más allá de preocuparme por ellos y de admirarlos en silencio por la forma en cómo manejaban sus responsabilidades, hoy me asombra y no logro entender en qué momento llegué a estar en la misma situación.

 

Tal vez me estoy quejando por nada, pues en realidad hasta ahora recibí mi tiquete de ingreso a la vida laboral a través de las prácticas profesionales, que en teoría no son algo tan formal. Sin embargo, adaptarme a esta nueva etapa no ha sido fácil. Cuando cumplí 18 años, hasta Facebook me recordó que ya era un adulto, pero realmente no lo había sentido tanto como ahora.

Pertenezco al pequeño grupo de jóvenes que tuvieron la oportunidad de vivir plenamente su vida universitaria sin tener que preocuparse por trabajar para mantenerse o pagar sus estudios. Dictar clases como freelance fue lo más parecido a un trabajo que había tenido, pero ahí no tenía ninguna obligación específica. No tenía idea de lo diferente y complejo que es el mundo real de un adulto que se dedica de lleno al trabajo.

 

“No tenía idea de lo diferente y complejo que es el mundo real de un adulto que se dedica de lleno al trabajo”.

 
 

Por ejemplo, en la universidad tenía la libertad de decidir si iba a clase o no, podía dedicarme a hacer vida social y desarrollar los trabajos pensando en que ya solo faltaba poco tiempo para que el semestre se acabara y luego todo sería borrón y cuenta nueva. Pero ahora no puedo tener esa autonomía. Trabajar es mucho más que cumplir un horario, es una responsabilidad que no se puede evadir.

 

En este mes que llevo desarrollando mis prácticas he aprendido aspectos técnicos que han enriquecido mi formación profesional y que muy seguramente no hubiese aprendido en un salón de clases, pero también descubrí cosas de mi personalidad y de la vida que han hecho de esta etapa algo maravilloso. Por ejemplo, aprendí que soy mejor trabajando bajo presión, pero a la vez entendí que no hay que resignarse ante los malos resultados, pues en el trabajo hay cosas que simplemente no salen como uno lo desea.

 

“Entendí que no hay que resignarse ante los malos resultados, pues en el trabajo hay cosas que simplemente no salen como uno lo desea”.

 

Lo que más me ha costado es acostumbrarme a la sensación de que soy la más pequeña e inexperta. No obstante, he estado acompañada de gente maravillosa que me ha tenido paciencia y que me ha enseñado cómo es la dinámica de los adultos en el mundo laboral.

 

En mi primer día de trabajo, recuerdo que mi jefe me dijo que en los siguientes meses tenía que ser como una ‘esponjita’ y absorber todo lo que pudiera. Hasta el momento ese ha sido mi mantra. Describe a la perfección lo que he intentado hacer y lo que debo repetirme cuando las cosas no salen tan bien como me gustaría. Al final, eso es lo importante: aprender y quedarse con lo que a uno le sirve. Sé que suena muy cliché, pero para eso están diseñadas las prácticas universitarias.

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