¿Eres racista de clóset?

Viviana De Lima
Viviana De Lima

Community Manager, Coordinación de la Gestión de Medios - Universidad Ean 

Actualidad

¡Sí!, yo sé que admitirse racista, machista o sesgado de cualquier forma puede ser incómodo y nos saca de la zona de confort en la que nos consideramos «buenas personas», pero valen más unos minutos de incomodidad que la marginación y las ofensas a las que han sido sometidos muchos por su color de piel y sus rasgos físicos. Así que sigue leyendo y enfrentemos algunos estereotipos. 

Si solo ves belleza en la gente de piel clara y nariz respingada, consideras el cabello afro al natural «poco profesional», has pensado en juntarte con ciertas parejas para «mejorar la raza», crees que llamar ‘indio’ a alguien es un insulto o que «hay colores solo para negros», eres racista y no hay pero que valga. 

 

"Es un deber colectivo combatir esos estereotipos que fragmentan la sociedad".

Hay quienes dirán que las anteriores son frases o costumbres inofensivas y que la “Generación de Cristal”, como a algunos les gusta llamar a quienes se cuestionan todo, es muy delicada. Cabe aclarar que las costumbres son patrones aprendidos culturalmente y no todo lo que se hace por cultura está bien. El lenguaje reproduce las caras más bellas y obscenas de la sociedad, reconocer los prejuicios es el primer paso para extirparlos.

Estereotipos en torno a la belleza y la dignidad de la población con diversidad étnica provienen del modelo cultural que permeó los países latinoamericanos desde la conquista. Los europeos —que ostentaban poder político, económico y social— impusieron sus imaginarios racistas y clasistas de la época y resulta natural que, con el ánimo de escalar en la sociedad, los nacidos en América normalizaran esos prejuicios que se han continuado hasta hoy. 

"Los mestizos estaban en posiciones intermedias: no tenían que pagar el tributo de los indios, ni eran esclavos como los negros, pero tampoco tenían los privilegios de los españoles", explica Federico Navarrete, doctor en Estudios Mesoamericanos en entrevista con BBC Mundo. Hoy el lenguaje retrata esas desigualdades y negarlo sería hacerse de la vista gorda: «como a mí no me afecta», «no me apetece verlo» y «no me importa». ¡Grave error! 

El racismo nos afecta a todos y creerse fuera de la conversación nos convierte en barreras para la construcción de equidad. Frases como «la raza humana solo es una» minimizan el problema e invisibilizan formas de opresión en las que todos aportamos; por lo tanto, es un deber colectivo combatir esos estereotipos que fragmentan la sociedad. 

Cabe señalar que evidenciar el racismo en comentarios de otros, con argumentos de fondo, no es racista; lo que sí es excluyente es incomodarse porque una minoría proponga debates y exija un trato con humanidad e igualdad. La reflexión es clave para construir sociedades sostenibles, en cambio no cuestionarse todo lo que se piensa y opina es el primer paso para convertirse en personas, familias y sociedades déspotas. 


¿Qué camino escoges tú?
 

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