Los años de la erosión

María Eugenia Rinaudo
Investigadora del Instituto para el Emprendimiento Sostenible - Universidad Ean
Sostenibilidad

Si nuestras tendencias en pérdida y transformación de la biodiversidad continúan, en un futuro (no muy lejano), los seres que habiten la Tierra nos verán como la generación que no supo conservar su propio hogar. Tristemente, seremos recordados como la civilización que potenció “los años de la erosión”, exprimiendo los territorios hasta más allá de su propia capacidad.  

La historia de la humanidad nos da indicios para entender que esto no es un proceso nuevo, sino acumulado. Carl Linneo afirmó:“Todas las cosas están hechas al servicio del hombre”, mientras que Descartes aseveró que “los humanos eran los dueños y señores de la naturaleza”. Más tarde, Alexander von Humboldt, durante sus expediciones por América Latina, comprendió que nuestro poder destructivo sobre el entorno repercutiría en las generaciones futuras. 

Hoy nos encontramos sumergidos en una profunda crisis socioecológica (civilizatoria para algunos), en la que aún confiamos nuestro proyecto humano a un modelo hegemónico e instrumentalista. De esta manera, hemos impuesto un paradigma de vida bajo un crecimiento exponencial dentro de un planeta finito, desgarrando cada vez más la trama de la vida, siendo así testigos y autores del asesinato del Planeta

Cobijados bajo un régimen fósildependiente, apenas empezamos a entender esas trayectorias de cambio que hemos impulsado y que ha causado una trascendental pérdida de vida en el planeta. Según el más reciente informe de la IPBES, muestra que más de un millón de especies en todo el mundo se encuentran en peligro de extinción, causando un irreversible impacto a los ecosistemas de todo el mundo y al mismo tiempo, al sostenimiento de las contribuciones de la naturaleza para la gente.

Esto, lo queramos o no, desencadena un efecto tipo búmeran. Todo lo que le provocamos al Planeta regresa a nosotros en diferentes formas, volviendo imperiosa la necesidad de organizar de modo diferente nuestra manera de vivir, consumir y producir; uno de los mejores ejemplos para retratar esto, es el cambio climático

 

 

“Todo lo que le provocamos al Planeta regresa a nosotros en diferentes formas, volviendo imperiosa la necesidad de organizar de modo diferente nuestra manera de vivir, consumir y producir”.

 
 

Un fenómeno que puede definirse como un síntoma de que nuestra sociedad no funciona bien. En un reciente diálogo sostenido con representantes de comunidades étnicas y locales de Colombia, un delegado del cabildo muisca manifestó que “el cambio climático es una desadaptación de la sociedad a las dinámicas de la naturaleza”. Por eso, nuestro reto como civilización es tomar un nuevo camino que no nos lleve al colapso, gestionando los efectos que ya son inevitables, aquellos que ya forman parte de nuestro futuro y, al tiempo, evitando los que serán auténticamente ingobernables. 

Por lo anterior, es obligatorio pasar a la prospectiva y diseñar soluciones a partir de la solidaridad, justicia, ética y voluntad política. Gestionar esta crisis climática requiere de respuestas creativas y para ello debemos romper viejos parámetros y construir nuevos paradigmas. 

Parte de esas soluciones las tenemos en nuestras manos, pero desafortunadamente las estamos consumiendo a un ritmo sin precedentes: el mundo natural es el que puede salvarnos de esta catástrofe climática y evitar procesos de transformación y degradación de vida en el Planeta. 

Es necesario, entonces, potenciar la inspiración basada en la naturaleza compatible con una discusión transdisciplinaria que busque responder a procesos emergentes que conduzcan a alternativas visionarias con base en la resiliencia y a la auto-organización de los ecosistemas para estimular dinámicas de auto-sanación.

No hay duda, hemos crecido en un entorno desnaturalizado. Nuestro mundo ha cambiado para siempre y tendremos que adaptarnos más temprano que tarde. Requerimos con urgencia entrar a una nueva cultura holística para entender que es imperante poner la vida en el centro. Si somos capaces de interiorizar esto, quizás estemos a tiempo de ser recordados como la generación que se reinventó a tiempo y potenció “los años de la conservación”. En la naturaleza están todas las respuestas que buscamos. 

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